No importa si eres de derechas o izquierdas. Da igual quién esté en el poder. El resultado es idéntico: trabas, cuotas, impuestos que aparecen cuando no los esperas, regulación laberíntica que solo entienden abogados pagados.
Y tú, con 20 años, ves eso y haces la cuenta mental: ¿para qué?
La realidad que nadie te dice claramente
España tiene un problema de dinero. Real. Déficit crónico. Gasto estructural que no cierra. Servicios públicos que no funcionan. Pensiones que no cuadran.
¿Solución? Apretar.
Apretar al que trabaja. Apretar al que crea empleo. Apretar al que se atreve a generar ingresos propios. Porque el Estado está en quiebra y necesita dinero. Ahora.
Pero aquí está lo perverso: mientras aprietas, expulsas.
Cada cuota de autónomo que pagas sin facturar, cada impuesto sorpresa, cada regulación absurda, cada trámite que no debería existir... eso no genera crecimiento. Genera fuga.
Los jóvenes con hambre se van. Los que tienen recursos diversifican y se protegen en el extranjero. Los que se quedan son los que no tienen opción.
Y el Estado, en lugar de verlo como advertencia, lo ve como: "genial, se van, menos presión sobre mis servicios." Problema resuelto. (Spoiler: no lo es.)
La corrupción que viene de arriba
Mira bien: no es casualidad que el sistema sea así.
Un país donde los políticos tienen salarios blindados, pensiones de lujo, gastos de representación que nadie fiscaliza. Donde la corrupción cambia de partido, pero no desaparece. Donde "investigar" significa expediente cerrado en seis meses.
Eso no es accidente. Es diseño.
Un sistema que necesita dinero para funcionar, que no lo recauda eficientemente porque sus capas superiores sangran recursos, que no quiere reformarse porque eso tocaría intereses creados... naturalmente termina exprimiendo a los de abajo.
Tú eres los de abajo. El trabajador, el autónomo, el joven que intenta crear algo. Para ti no hay excepciones. Para arriba, siempre hay una puerta de atrás.
¿Quién está en el poder? Irrelevante. Porque el sistema sobrevive a los gobiernos. La corrupción no es menor a la izquierda que a la derecha o viceversa. No. Es sistémica.
Cambias de partido, se van unos, vienen otros, pero la máquina sigue igual: hambrienta, ineficiente, exigiendo.
Por qué otros países se llevan tu talento
No es que Alemania, Holanda, Francia o Portugal sean perfectos. Tienen sus problemas. Pero tienen algo que España no:
Un pacto silencioso entre Estado y empresario: "Si generas valor, te dejamos crecer. Luego contribuyes."
No es caridad. Es lógica: país que crece, recauda más. País que expulsa talento, recauda menos a largo plazo.
España rompió ese pacto hace años.
Ahora dice: "Crea valor, pero primero pasa por aquí. Y aquí. Y aquí. Paga esto. Luego esto otro. Y espera, porque siempre hay algo más."
¿Resultado? Los que pueden, se van. Y se llevan exactamente lo que el país necesitaba: capacidad de crear, de innovar, de generar empleo.
Otros países ven eso y dicen: "nosotros queremos eso." Y montan la alfombra roja.
No se aprovecharían de ti. Te están salvando.
¿Y ahora qué?
Miro atrás y veo claro: no me voy porque quiera irme. Me voy porque el sistema me lo está diciendo. Cada cuota sin facturar, cada trámite absurdo, cada promesa política sin cumplir, me dice lo mismo: "aquí no hay lugar para ti."
No es amargura. Es realismo. He hecho la cuenta y no cierra. España necesita que produzca, pero castiga quien lo intenta. Eso no es opinión, es matemática.
He visto cómo funciona la máquina: extrae presente, promete futuro que nunca llega. He visto la corrupción cambiar de color político pero nunca desaparecer. He visto jóvenes talentosos elegir otros caminos porque aquí el riesgo es castigo.
Otros países me ofrecen lo contrario: confianza antes de cobro. Oportunidad antes de sospecha.
¿Por qué me quedaría? La pregunta no es por qué me voy. La pregunta es por qué alguien se quedaría.
Y si tu respuesta es honesta, ya sabes cuál es.